Cambio de rumbo del proyecto de Rujamar en San Clemente ante una incesante lucha contra las macrogranjas

Hace poco más de un año que, vecinos y vecinas de varios pueblos y pedanías de los municipios de San Clemente, Casas de los Pinos y Villarrobledo, impulsados por la asociación Pueblos Vivos Cuenca, unieron sus voces para defender su entorno rural. Fue así como surgió una plataforma vecinal sin vinculación política para intentar frenar un proyecto de Rujamar que, pretendía construir una explotación de ganadería industrial de casi medio millón y medio de gallinas de puesta, que sería la mayor de España, cerca de zonas habitadas de estos municipios manchegos.

“No podemos permitir que se siga destrozando nuestro entorno rural con estos megaproyectos”, dice Pedro, uno de los vecinos. Por su lado, Tomás, integrante de la plataforma, explica: “Los vecinos que vivimos en las pedanías cercanas apenas sumamos medio millar, pero el hecho de que al abrir una petición con change.org más de 40.000 personas se sumaran a nuestra reivindicación firmando la petición, nos hizo ver que no estábamos solos, que en esta región en particular, pero en España en general hay un gran hartazgo ante este tipo de explotaciones de alta densidad animal; también que este es un problema de todos y que la unión hace la fuerza”.

Aunque no se ha iniciado la construcción proyectada y el tiempo está corroborando las objeciones de los vecinos, desde la plataforma expresan rotundamente que no van a bajar la guardia y seguirán oponiéndose a la construcción de este tipo de enormes explotaciones con alta concentración de animales por los múltiples riesgos que conllevan. Por este motivo, se han sumado esta semana a los actos celebrados contra la ganadería industrial junto a más de 100 plataformas a nivel nacional.

En palabras de la portavoz, Llanos Ortiz, “Hasta ahora el tiempo nos está dando la razón. Los brotes de gripe aviar que siguen azotando la región y que recientemente obligaron a sacrificar a ciento de miles de aves de golpe en una sola explotación en Guadalajara, evidencian el riesgo que supone tener explotaciones de este desproporcionado tamaño: además de tener que sacrificar de golpe a una cantidad ingente de animales y de pérdidas económicas millonarias, suponen tentar la suerte de cara a su potencial zoonótico. Por otro lado, la sequía sufrida en Europa este año agrava el impacto medioambiental que conllevaría esta macrogranja por las ingentes cantidades de agua que requeriría extraer de una masa de agua ya declarada sobreexplotada”.

Además, añade: «Todo esto sumado al encarecimiento de las materias primas y combustibles, hace prácticamente inviable ese proyecto, más allá de la posible infracción de la normativa urbanística al haberse ignorado cosas tan evidentes como que hay viviendas a apenas 400 metros de donde pretenden construirla». Por este último motivo varios vecinos afectados presentaron el pasado mes de julio un recurso contencioso administrativo ante el Tribunal Supremo de Justicia de Castilla-La Mancha contra la resolución dictada por la Consejería de Fomento de la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha que está pendiente de resolución.

“Para colmo,  dentro del sector empresarial se otorgan premios a las empresas promotoras de macrogranjas en nombre de la sostenibilidad, como estrategia para cuidar su imagen, como los recientes  premios Porc D´Or  a empresas de porcino o el premio de la CEOE a Rujamar ” dice otro vecino.

Cambio de rumbo de Rujamar

El CEO de RUJAMAR, en una reciente entrevista, atribuía a la situación económica junto a la oposición de agrupaciones ecologistas la decisión de cambiar el rumbo de este proyecto y que ahora se transformaría en una explotación de 80.000 gallinas camperas, para las que dice contar ya con los permisos. Sin embargo, en la base de datos de expedientes de impacto ambiental no consta que se haya iniciado la tramitación.

Miembros de la plataforma no se muestran sorprendidos por la noticia de cancelación de este megaproyecto dado que desde hace meses han alertado sobre su inviabilidad. Por tanto, acogen la noticia positivamente, pero con cautela, ya que «no es la primera vez que se anuncia una cosa, pero por detrás se hace otra, como demuestra la moratoria para macrogranjas porcinas» aprobada por Emiliano García-Page.

Les complace que, con su fuerte oposición vecinal, “hayan contribuido a que no se arruine el entorno rural y no se vea dañado de forma irreversible”. Esperan que “no tengan que ser testigos de una aberración que atenta contra el medioambiente, contra el bienestar animal y el de las personas que viven cerca”.

Miran con buenos ojos un cambio de rumbo que apueste por un modelo pecuario más sostenible como sería un modelo ecológico o de gallinas camperas. Afirman que, de proponerse esta nueva explotación avícola, seguirán vigilantes para que se tramite siguiendo los procedimientos y normativas vigentes.

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