La única cascada del Júcar se encuentra en Tragacete

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En pleno corazón del Parque Natural de la Serranía de Cuenca, muy cerca de la localidad de Tragacete, se esconde uno de los enclaves naturales más espectaculares y desconocidos de la provincia: la cascada del río Júcar conocida como “El Molino de la Chorrera”, un paraje de enorme valor ecológico y paisajístico que cada año atrae a senderistas, fotógrafos y amantes de la naturaleza.

El gran salto de agua, de unos 30 metros de altura, ofrece un espectáculo visual y sonoro único. Las aguas cristalinas del Júcar se precipitan con fuerza sobre la roca caliza creando un entorno de humedad constante y un microclima singular que convierte este rincón de la Serranía conquense en un auténtico ecosistema vivo.

El acceso hasta la cascada se realiza a través de una senda peatonal de casi un kilómetro que parte de la carretera del Albergue de San Blas. El recorrido, acondicionado con pasarelas y guardamanos de madera, cuenta además con áreas de descanso y paneles informativos que conforman una completa Senda Botánica. Durante el trayecto, los visitantes pueden descubrir una gran diversidad vegetal característica de zonas húmedas y bosques eurosiberianos, con especies como sauces, avellanos, acebos, tilos, robles, boj, madreselvas o incluso tejos.

La ruta desemboca en una plataforma protegida desde la que se contempla toda la majestuosidad de la cascada. El estruendo del agua, la humedad suspendida en el ambiente y el frescor que permanece incluso en verano convierten la experiencia en una inmersión plena en la naturaleza.

Más allá de su atractivo turístico, El Molino de la Chorrera destaca por su enorme riqueza ambiental. La interacción entre el agua rica en carbonatos, los musgos y la roca caliza favorece la formación de toba, un fenómeno geológico que da lugar a un paisaje en constante transformación. En este hábitat prosperan especies vegetales muy especializadas, como los musgos Palustriella commutata o Eucladium verticillatum, además de numerosos helechos que crecen en las zonas más húmedas de la pared rocosa.

La biodiversidad faunística también es notable. Aves como mirlos, lavanderas, aviones roqueros o chovas encuentran refugio en las oquedades generadas por la toba, mientras que anfibios como salamandras, sapos y ranas habitan las pozas inferiores. El enclave alberga además mariposas protegidas como Graellsia isabellae, Parnasius apollo o Erebia zapateri, así como numerosos invertebrados ligados a las aguas limpias del río.

Pese a su valor ecológico, expertos y defensores del medio ambiente advierten de la fragilidad del espacio. El enclave está incluido en el Catálogo Regional de Especies Amenazadas (CREA) y cuenta con figuras de protección europeas como LIC y ZEPA, aunque consideran que estas medidas resultan insuficientes frente al deterioro causado por algunos comportamientos incívicos y la falta de un plan específico de conservación.

Por ello, cada vez son más las voces que reclaman que El Molino de la Chorrera sea declarado “Monumento Natural”, una figura que permitiría reforzar su protección y garantizar la conservación de uno de los paisajes más impresionantes y valiosos de la Serranía de Cuenca.

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