‘La Vista XXVI’, el paisaje que Zóbel contempló desde su casa de Cuenca, regresa a Madrid y cierra la muestra del Prado

Cuarenta y ocho años después de que ‘La Vista XXVI’ se expusiera por vez primera en la individual del mismo título celebrada en 1974 en la Galería Juana Mordó, esta obra maestra del artista Fernando Zóbel, inspirada en Cuenca, su paisaje y el Júcar, regresa a Madrid, concretamente al Museo Nacional del Prado, con la exposición ‘Zóbel. El futuro del pasado’.

Un total de 42 pinturas, 51 cuadernos de apuntes y 85 dibujos y obra sobre papel, procedentes de colecciones españolas, filipinas y norteamericanas, conforman el recorrido con el que el Prado, con la colaboración de la Comunidad de Madrid, rinde homenaje a una figura fundamental de la pintura española de la segunda mitad del siglo XX.

Esta exposición, que ha contado con el apoyo de Ayala Foundation (Manila) y la Fundación Juan March, puede visitarse en la sala C del edificio Jerónimos hasta el 5 de marzo de 2023. Ha sido comisariada por Felipe Pereda (Fernando Zóbel de Ayala Professor of Spanish Art en la Universidad de Harvard), y Manuel Fontán del Junco, director de Museos y Exposiciones de la Fundación March.

Europa Press ha podido recorrer esta exposición de la mano de Felipe Pereda, quien ha asegurado que Zóbel se hubiera «caído de espaldas» si hubiera visto sus cuadros colgados en el Museo del Prado. «Era un hombre extraordinariamente humilde», asegura Pereda, a pesar de haberse formado en Filipinas, Europa y Norteamérica. Fue al mismo tiempo pintor, estudioso, profesor, traductor, coleccionista y, entre otras iniciativas insólitas, el fundador de dos museos, uno en Manila (Filipinas) y otro en la ciudad de Cuenca.

Precisamente, en la ciudad de la Casas Colgadas, Zóbel, instalado en España desde finales de los años 50, funda en 1966 el Museo de Arte Abstracto Español. Familiares suyos han narrado a Felipe Pereda que cuando creó dicho museo, llamó a su madre, que vivía en Manila, quien le preguntó por qué no había llamado al museo Fernando Zóbel, a lo que contestó el artista: «Si yo no soy nadie importante».

En la primera colección pública de arte contemporánea que pudo visitarse en España, a pesar de ser el creador del museo, Zóbel incluiría solo dos de sus obras.

Al comisario Felipe Pereda le llama la atención que Zóbel decidiera que fuera Cuenca la ciudad elegida para fundar el Museo de Arte Abstracto, ya que «con las posibilidades económicas y culturales que tenía, podía haber elegido cualquier otro lugar del país o del mundo», de hecho había creado un museo en Manila, recuerda.

Sin embargo, comenta, decide colocarlo en un lugar que, en aquellos momentos, «no está en el centro de ninguna de las grandes rutas artísticas del mundo». «Hay una lección, casi me atrevería a decir de humildad, pero también de compromiso que él tiene con el arte de la vanguardia, que no es el de cultivar su propio nombre, sino al contrario, el de hacer las cosas allí donde podrían servir más de apoyo a los artistas que lo necesitaban», agrega el comisario.

«El Museo de Arte Abstracto de Cuenca dio mucho calor y mucha esperanza», confiesa Pereda, quien cree que España está en deuda con Fernando Zóbel. «Sin Zóbel eso no hubiera ocurrido nunca, eso es innegable», apunta.

LA VISTA XXVI, UNA DE SUS OBRAS MAESTRAS

De hecho en Cuenca, Fernando Zóbel realiza una de las obras más bonitas de su trayectoria y una de las composiciones más ambiciosas, ‘La Vista XXVI’ (1974). Las fotografías para esta composición fueron tomadas en Cuenca, en el río Júcar, donde el artista empezó a pasar largas temporadas desde comienzos de los años 60.

Allí, desde su casa de Cuenca, se inspiró en el paisaje de la ciudad de las Casas Colgadas, un ejemplo único de arquitectura popular, pero también una metáfora de la arquitectura suspendida que le había fascinado desde sus primeros estudios de la arquitectura vernácula de Filipinas.

«En Cuenca se dan la mano las dos grandes pasiones que Zóbel ha tenido a lo largo de su carrera en su obra, que son por un lado la búsqueda de la abstracción pero sin perder nunca de vista la inspiración de los viejos maestros», declara el comisario.

Por eso, la exposición concluye con ‘La Vista XXVI’. «No había venido nunca a Madrid», explica Pereda, quien recuerda que la Fundación Juan March lo tiene depositado en Palma de Mallorca. «Cuando la exposición del año 2003 se realizó en el Museo Reina Sofía, fue el cuadro que faltó, y muchos lo echaron en falta».

Ahora, sin embargo, este cuadro es el que cierra la exposición en el Museo del Prado y lo cierra además de una manera «muy simbólica». «Se encuentra en la última de las salas y es el cuadro más grande». Fernando Zóbel expuso ‘La Vista XXVI’ por primera vez en la individual del mismo título celebrada en 1974 en la Galería Juana Mordó, legendaria entonces.

En esta muestra, el Museo del Prado acoge esta obra maestra con todos los estudios y dibujos que el artista realizó en preparación para ese cuadro que representa el Júcar. Se pueden contemplar las fotografías que él había realizado personalmente, que luego revelaba, y que le sirvieron para la composición, así como los dibujos de acuarelas, largos rollos de papel japonés, donde se recoge la admiración enorme que él había tenido por el arte asiático durante toda su vida.

La última imagen de la exposición precisamente es un cuaderno donde él está dibujando en Stonehenge, «admirando» sus piedras, y, según el comisario, «las está imaginando como una suerte de composición que casi podría parecer de Giacometti o de algún artista contemporáneo». «Una cosa totalmente abstracta».

El diálogo de Zóbel no es solamente con el pasado, sino con el espacio y la geografía. Durante años, el Prado se convirtió para él en una suerte de laboratorio. No solamente pasó innumerables horas dibujado y estudiando sus pinturas, sino que incluso donó generosamente al museo un número importante de dibujos de maestros españoles datados entre los siglos XVI y XVIII para sus colecciones.

EXPOSICIÓN

Estructurada en cinco ámbitos, la exposición reconstruye el itinerario poético y artístico de Zóbel, entre los extremos de un mismo principio: aprender a mirar para entender el arte de los grandes maestros, por un lado, y, por el otro, volcar lo aprendido en su propia obra para así compartirlo. ‘Zóbel. El Futuro del Pasado’ aborda su trabajo desde una perspectiva transnacional, que sobrevuela los límites geográficos de los tres continentes –Asia, Norteamérica y Europa– en los que transcurrió la vida del artista.

Para completar este recorrido por la obra de Zóbel, al final de la exposición –y junto a numeroso material documental gráfico y visual– se proyecta el documental ‘Memorias del instante. Los cuadernos de Zóbel’, producido específicamente para la muestra y cuyo tema es la larga conversación con los maestros del pasado que puebla los casi doscientos cuadernos de apuntes que dejó el artista.

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