Lujuria vuelve en Cuenca a los escenarios con el convencimiento de que siguen «siendo necesarios»

El retorno de Lujuria a los escenarios se está alargando más de lo que la banda de metal castellana hubiera deseado. Todo estaba listo para su retorno en Cuenca, hace unas semanas, cuando el accidente de uno de sus componentes obligó al aplazamiento del concierto en el pub Rothus con el que iban a volver a la carga. Este sábado, si no hay nuevos inconvenientes, podrán por fin acabar con su sequía de conciertos y, si ya tenían marcada esta fecha en Cuenca, ahora la afrontan con ansia multiplicada. «Imagínate el día que abres una olla a presión después de dos años, ya verás dónde va a ir la tapa», avisa el líder de la formación segoviana, Óscar Sancho.

Lujuria, tras el parón de la pandemia, empieza una serie de conciertos para celebrar sus treinta años de trayectoria y lo hacen junto a otra formación conquense, La Dama Oscura, que cumple también dos décadas de vida. «Cuando te quieres dar cuenta llegas a los treinta años, pero es porque tú has querido», apunta Sancho. Al final hay que «mirar hacia adelante y tener un objetivo claro», subraya el cantante, que indica de esta forma el camino a otros grupos, como los conquenses Oniricus, formación de death metal a la que ve con capacidad de ser «puntera a nivel mundial» por su originalidad.

Y es que, a su juicio, «es importante mantener cada uno su personalidad: Motorhead tenía la de Lemmy, AC/DC la de Angus Young, Judas Priest tenía al mejor cantante… Cada uno tenía una cosa que contar, pero hay que tener fe».

«Nosotros éramos unos chavales de Segovia que queríamos hacer heavy metal. Yo tenía la teoría de que, en los ochenta, el heavy metal era muy original pero le faltaba algo de calidad, si exceptuamos a Armando de Castro. El metal español se dedicó a perfeccionar la técnica y en los noventa teníamos grandes «tocadores» de instrumentos, pero el mensaje se estaba perdiendo. Yo quería un grupo que tuviera esa esencia de los ochenta, pero fuera original». Sancho descubrió de qué quería hablar su banda gracias al nombre de su guitarra: ‘Luxuria’.

«En aquellos años no existía, por ejemplo, el matrimonio gay, y empezamos a despertar la necesidad la necesidad de que la mujer decida sobre su cuerpo, y hoy, cuando hay gente que va a protestar frente a las clínicas abortistas, queda mucho por luchar», señala Sancho. «Quedaba una revolución pendiente de la que no se había dado cuenta y decidimos utilizar el humor, pero con mensajes muy serios».

Treinta años después, el líder de Lujuria observa que se viven «unos tiempos demasiado puritanos», frente a unos ochenta «en los que éramos libres y no lo sabíamos». Rememora los distintos movimientos culturales de aquellos años y que contrastan con unos días «en los que las libertades individuales se persiguen por todos los lados, los políticos se meten en la educación y la ultraderecha campa a sus anchas, apoyada incluso por rockeros de toda la vida, algo que me da ganas de vomitar».

Frente a eso, Sancho se ha dado cuenta de que «Lujuria sigue haciendo falta» y, que si tiene que retirarse, «será por viejo, y no por el mensaje». «Mientras el cuerpo aguante seguiré gritando libertad a ritmo de heavy metal».

SEXTO, TEMÁTICA DE SU REPERTORIO

El sexo, temática de su repertorio, es otra cuestión que sigue estando bajo sospecha «porque no se ha sabido educar», a juicio del rockero castellano. «La gente todavía aprende de forma furtiva, en películas y revistas que son otra cosa», se lamenta Sancho. «Estamos en una época muy extraña y creo que el principal problema es que tenemos miedo a la libertad y la gente la ha cambiado por seguridad».

Por otro lado, recuerda el líder de Lujuria el propio componente sexual que tiene un concierto de rock: «Para mí no hay nada más sexy, con cuerpos en movimiento, entregados a un ritual. Uno de mis sueños ha sido siempre estar en un concierto y que hubiera abajo una orgía».

Para transmitir su mensaje, Lujuria sigue apostando por el humor, siguiendo una línea que marcaron publicaciones satíricas como El Papus y Hermano Lobo en las postrimerías de la dictadura. «Hay otros grupos que han enfocado su carrera al humor, como Mojinos Escozíos, pero nosotros lo hacemos de una manera muy seria, es algo distinto».

Lujuria no ha querido volver a la carretera hasta que la normalidad ha vuelto y se pueden organizar conciertos sin restricciones y una de las cosas que les mueve es apoyar a las pequeñas salas. «Hace poco hemos tenido en España a los Rolling Stones, y lo respeto, pero yo no pago esos precios por las entradas, porque entonces no tengo para ir a más conciertos». Prefiere apoyar a las bandas emergentes y a grupos amigos «y me gustaría que la gente también decidiera eso».

El público prefiere ir «a hacerse una foto de Instagram con los Rolling Stones de atrás», lamenta Sancho, que aboga por defender la sala y los conciertos de invierno. «En este país no tenemos esa cultura de ir a ver música en salas que hay en Inglaterra, donde mucha gente va sin saber qué grupo toca», opina el cantante. «Ojalá la gente se dé cuenta, dentro de sus posibilidades, porque tampoco se puede pedir a la gente lo que no tiene ahora que se paga la gasolina a precio de droga».

No se olvida Sancho, que además de tocar, llegará a Cuenca con un libro bajo el brazo, ‘¡Lujuria. XXX años comiendo mierda y cagando flores’, de reivindicar las necesidades del gremio. «Hace mucho tiempo que llevamos pidiendo que baje el IVA de los instrumentos, te compensa comprarte una guitarra en los Estados Unidos», pone como ejemplo. También cree que se les podría ayudar con productos como el gasoil «y todo lo que ha subido tanto y nos impide ir a tocar».

El concierto se celebra en la Sala Rothus del Casco Antiguo de Cuenca este sábado a partir de las 22.00 horas.

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